En un mundo cada vez más atravesado por decisiones automatizadas, los especialistas en ética de la inteligencia artificial se posicionan como una figura indispensable. Su trabajo va mucho más allá de la programación: buscan asegurar que la tecnología se desarrolle de forma justa, responsable y con respeto por los derechos humanos.

Este rol se encarga de identificar, prevenir y mitigar los riesgos éticos asociados al uso de sistemas de IA. Entre sus funciones se encuentran la evaluación del sesgo algorítmico, el cumplimiento normativo, la protección de datos personales, la transparencia de los sistemas y la inclusión de principios éticos desde el diseño de las soluciones tecnológicas.

“Es una tarea interdisciplinaria. No solo se trata de saber de tecnología, sino también de comprender cómo impacta en la sociedad”, explican desde centros académicos especializados.

La demanda viene en franco crecimiento, sobre todo desde que la IA generativa (como los chatbots o generadores de imágenes) comenzó a utilizarse de forma masiva. Sin embargo, existe escasez de talento: es un perfil reciente, que combina conocimientos técnicos con habilidades filosóficas, legales y sociales, y no hay aún suficiente oferta de profesionales con esa formación integral.

Hoy, este tipo de especialistas son clave en grandes tecnológicas, bancos, aseguradoras, consultoras, empresas de salud, retail y organismos públicos. En general, toda organización que esté desarrollando o utilizando IA para tomar decisiones automatizadas sobre personas –ya sea para seleccionar personal, otorgar créditos o realizar diagnósticos– necesita evaluar los impactos éticos de sus sistemas.

Incluso startups y fintechs que trabajan en entornos altamente regulados buscan incorporar perfiles éticos para anticiparse a futuras normativas.

La mayor expansión se está viendo en industrias como:

  • Tecnología y desarrollo de software
  • Servicios financieros y bancarios
  • Salud y biotecnología
  • Retail y comercio electrónico
  • Medios de comunicación y plataformas digitales

Estas industrias se ven particularmente afectadas por los riesgos de sesgo, discriminación algorítmica, y privacidad de datos, por lo que los especialistas en ética ayudan a minimizar los riesgos legales y reputacionales.

No hay una única carrera, pero los perfiles más buscados suelen combinar:

  • Conocimientos en inteligencia artificial, ciencia de datos y programación
  • Formación en filosofía, derecho, sociología o estudios de género
  • Posgrados en ética de la tecnología, gobernanza de datos o IA responsable
  • Habilidades blandas: pensamiento crítico, comunicación, análisis de dilemas complejos.

En muchos casos, provienen de disciplinas humanistas que luego suman formación técnica, o viceversa.

El principal beneficio es ayudar a evitar riesgos: legales, financieros, regulatorios y reputacionales. También contribuyen a construir productos más inclusivos y confiables, lo cual se traduce en mejor aceptación por parte de clientes, inversores y la opinión pública.

Además, se anticipan a futuras regulaciones, como la Ley de IA en Europa, que establece pautas claras sobre el uso responsable de estos sistemas.

Es un perfil altamente demandado por mercados externos, especialmente en Europa, Estados Unidos y Canadá. Empresas multinacionales buscan talento latinoamericano por su formación sólida y capacidad de análisis crítico.

Ser especialista en ética de la IA es una de las profesiones emergentes con mayor impacto social y futuro laboral. A medida que la inteligencia artificial se vuelve más presente en nuestras vidas, será cada vez más necesario contar con voces que piensen no solo en lo que puede hacer la tecnología, sino en lo que debe hacer.

Por Sebastián Maciarello, Gerente de BPO y Selección de Auren Argentina