“Las decisiones vinculadas al talento tienen impacto directo en el negocio cuando están alineadas con la estrategia de la organización”, dice Luciana Yael Colombo, líder de Personas y Consultoría de Auren Argentina.

“No se trata solamente de gestionar personas, sino de desarrollar las capacidades que la empresa necesita para crecer, diferenciarse y sostener resultados. Si una organización busca expandirse, las decisiones sobre perfiles, estructura, selección, y desarrollo de liderazgo son centrales. Crecer sin construir equipos preparados suele generar más tensión que evolución -enfatiza asegura Luciana Yael Colombo, líder de Personas y Consultoría de Auren-. En contextos en los que la prioridad es la competitividad o la productividad, cobran especial relevancia las decisiones vinculadas a formación, tecnología, gestión del desempeño y rediseño de procesos. Hoy muchas organizaciones están revisando cómo trabajan, qué habilidades necesitan y cómo combinar automatización con capacidades humanas más estratégicas. Las empresas que logran mejores resultados son, en general, las que entienden que la gestión del talento no puede ir por un camino separado del negocio”, asegura la ejecutiva.

¿Qué tan preparada está la alta dirección para gestionar equipos con visiones, edades y expectativas cada vez más heterogéneas?
El nivel de preparación es muy diverso. Hay organizaciones que están haciendo un esfuerzo genuino por escuchar, revisar sus prácticas y entender qué esperan hoy las personas del trabajo. Y hay otras que siguen intentando gestionar con modelos de homogeneidad; equipos que opinen parecido, que trabajen igual, que quieren lo mismo. La heterogeneidad ya no es una excepción; hoy conviven distintas generaciones, formas de vincularse, expectativas sobre liderazgo, flexibilidad y desarrollo profesional. Y además, todo cambia a una velocidad muy alta.
En ese contexto, la capacidad de escucha se volvió una habilidad estratégica de la dirección. No alcanza con definir políticas sino que hace falta generar conversaciones reales y entender qué moviliza a los equipos. Gestionar con la humildad de aceptar que el mapa que uno tiene del mundo no es el único posible. El líder más preparado para este momento no es necesariamente el que más experiencia acumuló, sino el que todavía puede aprender de otros. Las empresas que mejor se adaptan no son necesariamente las que tienen todas las respuestas, sino las que están dispuestas a revisar sus supuestos y aprender más rápido.

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