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Cuentas anuales e informes de auditoría: Las ventajas de una entrega rápida por parte de las empresas

21/05/2020

La formulación de cuentas anuales por las empresas y la emisión de informes de auditoría por los auditores presentan una situación mejorable en cuanto a los plazos y fechas en que se vienen emitiendo. En ocasiones, las cuentas anuales han sido formuladas tras haber transcurrido entre tres y seis meses desde la fecha de cierre del ejercicio. Esto lastra, consecuentemente, el trabajo de finalización de la auditoría y la emisión del correspondiente informe por el auditor, que se ve irremisiblemente desplazado -otro tanto- en el tiempo. Inclusive, en determinadas situaciones, algunas empresas no disponen de cuentas anuales formuladas por el órgano de administración hasta que se acercan las fechas finales de plazos legales para la aprobación de las mismas, en el mes de junio del año siguiente al que van referidas, o hasta que se acerca el plazo final para la presentación de la declaración del correspondiente impuesto sobre sociedades, así como la necesidad de cumplir con el depósito de dichas cuentas en el Registro Mercantil, todo ello a finales del mes de julio.

Esta práctica no es óptima, dado que los stakeholders, es decir, los diferentes grupos de interés, o, lo que es lo mismo, las personas y entidades interesados en la marcha y situación de la empresa, no dispondrán de información puntual y cercana a la fecha actual para poder tomas decisiones. Simplemente, la información disponible que se desprende de dichas cuentas anuales es histórica, puede servir como orientación, pero el panorama actual en la empresa puede haber variado significativamente. El ejemplo más claro, aunque se trata de una situación extrema y excepcional, lo tenemos con la aparición de la pandemia del coronavirus. Esta crisis está impactando muy significativamente en la marcha de las compañías, provocando la parálisis de la actividad; una disminución drástica de las ventas; entrada en pérdidas, dificultades para continuar nuevamente con las actividades y volver a lograr el equilibrio económico financiero.

Dejando a un lado este acontecimiento excepcional, lo que sí es habitual es la rapidez con que se suceden los hechos económicos en la sociedad actual, con un importante impacto en la marcha y en la situación de las empresas. Por lo tanto, las cuentas anuales formuladas realmente con más de tres meses tras el cierre del ejercicio, e informes de auditoría emitidos a partir de esas fechas, solo pueden ser considerados información del pasado, no del todo óptimos para la toma de decisiones en una sociedad y mercado actuales, donde la velocidad y puntualidad de la información es una prioridad.

Para las empresas, efectuar un cierre contable inmediato, formular cuentas anuales en un breve plazo de tiempo y contribuir a la finalización inmediata del trabajo de los auditores, facilitando una rápida emisión del correspondiente informe de auditoría, supone valor añadido y tiene numerosas ventajas, entre las que merecen destacarse las siguientes:

  • Disposición de información contable y extracontable completa y casi puntual para la toma de decisiones acertadas de gestión por la dirección y, consecuentemente, contribución a la mejora de los objetivos y de los resultados.
  • La revisión y adecuación de las previsiones y planes de negocio establecidos desde el mismo inicio del ejercicio, sobre bases sólidas, logrando eficiencia.
  • La liberación de tiempo en el primer semestre del ejercicio a dedicar a tareas de cierre contable del ejercicio anterior, así como de colaboración y atención a los trabajos de los auditores, pudiendo concentrar los esfuerzos casi desde el inicio al ejercicio que comienza a las tareas cotidianas, no incurriendo en retrasos y pesadas cargas continuas.
  • Eficiencia y buena imagen ante terceros por la transparencia y prontitud en la puesta a disposición de cuentas anuales e informe de auditoría, cercanos a la fecha a la que van referidas.
  • Posibilidad, en cualquier momento, de poder facilitar estados financieros intermedios, a una fecha determinada, inclusive con cierto grado de verificación  por parte del auditor a través de un pequeño trabajo e informe de revisión, o de procedimientos acordados sobre los mismos, agilizando trámites e imprimiendo rapidez en la obtención de financiación de terceros u otros apoyos.

Para los auditores, igualmente supondría importantes ventajas, entre las que merece destacar las siguientes:

  • Implantación de la auditoría continuada a lo largo del ejercicio mediante el análisis y revisión de procesos, controles, operaciones, transacciones y saldos contables en varias etapas, por ejemplo, cada 3 o 4 meses, aprovechando incluso los avances telemáticos y su conexión con el cliente.
  • Contacto continuo con la empresa auditada, adaptando para ello los procedimientos de auditoría, enfatizando lógicamente en la etapa cercana al final del ejercicio y, permitiendo todo ello minimizar los mismos tras el cierre, con el objetivo de lograr la conclusión rápida del trabajo y la emisión del correspondiente informe de auditoría tras recibir igualmente las cuentas anuales formuladas.

Todo esto contribuiría a un trabajo más eficiente del auditor, distribuido a lo largo del ejercicio, y a un mejor conocimiento de la empresa auditada y de su problemática puntual, desterrando, en buena parte, la sobrecarga de trabajo del equipo de auditores en los meses de febrero a junio posteriores al ejercicio a auditar. Un periodo temido e indeseado por los aspirantes a la profesión, en una sociedad avanzada donde la conciliación entre actividad profesional y vida privada, como no puede ser de otra forma, cobra mayor importancia. En definitiva, aumentaría la calidad, la eficiencia y el valor añadido de la información de las empresas y de sus cuentas anuales, el trabajo de los auditores y el de los informes de auditoría.

Juan José Cabrera, socio de Auren Auditores

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