Costos en salud: cinco decisiones que pueden mejorar con información más precisa
En una organización de salud, calcular costos no debería ser solamente un ejercicio contable. La verdadera oportunidad aparece cuando esa información permite responder preguntas concretas sobre rentabilidad, capacidad, procesos, inversiones y negociación con financiadores.
Un modelo de costos basado en actividades puede transformar datos económicos y operativos en información útil para la dirección.
1. Conocer cuánto cuesta realmente cada prestación
Los promedios pueden ocultar diferencias relevantes.
Dos prestaciones aparentemente similares pueden consumir cantidades distintas de tiempo profesional, infraestructura, medicamentos, descartables o equipamiento.
Por eso, conocer únicamente el costo promedio de un área puede no ser suficiente para tomar determinadas decisiones.
Los modelos basados en actividades permiten reconstruir el consumo de recursos y analizar el costo desde diferentes perspectivas: por prestación, patología, GRD o paciente.
Esto permite identificar qué actividades explican el costo total y dónde se producen las principales variaciones.
2. Analizar la rentabilidad por financiador
Una misma prestación puede generar resultados económicos muy diferentes dependiendo del financiador, el convenio, los valores reconocidos y la modalidad de contratación.
Conocer el costo de la prestación es, por lo tanto, una parte del análisis. El siguiente paso es relacionarlo con los ingresos.
Esta mirada permite identificar prestaciones o convenios con márgenes positivos, situaciones que requieren revisión y oportunidades para mejorar futuras negociaciones.
El objetivo no debería ser observar únicamente cuánto factura cada financiador, sino comprender qué resultado genera cada combinación de prestación, costo y condición contractual.
3. Gestionar capacidad y ociosidad
En salud existe una importante presencia de costos asociados con capacidad instalada: quirófanos, camas, equipos de diagnóstico, consultorios e infraestructura especializada.
Cuando el volumen de actividad disminuye, distribuir toda esa capacidad sobre una menor cantidad de prestaciones puede producir aumentos significativos del costo unitario.
Por eso es fundamental diferenciar entre costo de la capacidad utilizada y costo de la capacidad no utilizada.
Por Gonzalo Hasda, Líder en Costos – Consultoría de Auren Argentina