La firma de origen español con 25 personas en Córdoba lleva tres años transformando su modelo: de la auditoría tradicional a la consultoría integral con foco en tecnología, procesos y personas.

Hay una analogía que define bien lo que están construyendo: Auren quiere ser el “médico clínico” de las empresas. Diagnóstico, orientación, derivación al especialista cuando hace falta. Y sobre todo, continuidad: el mismo profesional que conoce la historia clínica del paciente, que estuvo ahí en las buenas y en las malas, que sabe cuándo algo no cierra, aunque los números digan otra cosa.

Cómo llegó Auren a Córdoba

Auren es una firma de origen español, con presencia en más de 70 países y 62 oficinas propias. Llegó a Argentina alrededor del año 2000, primero en Buenos Aires, después en Rosario y luego en Córdoba —cerca de 2001— a través de una estrategia que define bien la lógica de la firma: en lugar de instalar una sucursal y mandar profesionales de afuera, buscó estudios locales con trayectoria y los sumó a la red.

“Córdoba quiere contratar a personas de Córdoba. Es muy particular con los servicios. Siempre ha habido una larga historia de las Big 4 que han venido a instalarse, intentado traer personal de otras provincias y no funcionó”, explica Nicolás Ninci, Socio de Auren en Córdoba. Hoy Auren opera en Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Tucumán, Salta y Mendoza, con más de 400 personas en Argentina. En Córdoba son 25.

De firmar balances a resolver problemas

Durante años Auren fue reconocida principalmente como firma de auditoría. El trabajo era sólido, la cartera de clientes también —entre bancos, desarrollistas y más— y la confianza construida, un activo de largo plazo. Pero hace cinco u ocho años algo empezó a cambiar en la mirada interna.

“El asesoramiento, la planificación, los impuestos: todo pasa a ser casi un commodity. Tenemos que agregar valor a lo que hacemos”, dice Ninci. El trasfondo de esa frase es concreto: con la tecnología haciendo cada vez más tareas que antes requerían un profesional, la firma que solo firma balances y presenta declaraciones juradas compite con cualquier software. La única salida es correrse de ahí y ofrecer algo que una máquina no puede dar: criterio, contexto y acompañamiento. Fue ese diagnóstico el que abrió la puerta a la transformación: construir una unidad de consultoría que pudiera entrar donde el auditor ya tenía confianza y resolver problemas que nadie más estaba viendo desde adentro.

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