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El sector turístico en la era post Covid 19: ¿Se pueden estimar resultados económicos?

02/06/2020

¿Es posible estimar los resultados del 2020 en las empresas turísticas?

Los auditores estamos solicitando a las empresas del sector una previsión del EBITDA y CASH FLOW para el ejercicio 2020. Esta estimación es necesaria para poder evaluar su solvencia a medio plazo y el déficit de caja en que están abocadas las empresas a causa de la crisis sobrevenida por el Covid19.

La industria turística en España representa el 12% de la economía y el 13% del empleo y, en ciertas zonas como Canarias y Baleares, cerca de 30%. A la vez, es un sector exportador dependiente de países como Alemania, Reino Unido y Francia, que también están sufriendo los efectos de la pandemia. Si éstos no confían en la seguridad de nuestros hoteles, o la conectividad aérea falla este verano, prácticamente se perderá entre el 80% y el 90% de la demanda en los dos archipiélagos. 

Hay aspectos esperanzadores, como la apertura de fronteras en julio, las pruebas piloto que se han iniciado en ciertos hoteles para adaptar los servicios o los corredores sanitarios entre zona verdes, que pueden ayudar a acortar plazos y recuperar la actividad. Pero ¿de cuánto tiempo estamos hablando?

Las estimaciones de resultados requieren de método, hipótesis y datos. La proyección de una cuenta de explotación para el 2020 debe contemplar un periodo de 12 meses y la comparabilidad con el presupuesto inicial. De partida, tenemos los gastos fijos previstos, las inversiones y el servicio a la deuda comprometido (amortizaciones de préstamos). Nos falta entonces estimar los ingresos y los gastos variables, dentro de los cuales el de personal fijo es, tras los Ertes, un cuasi componente variable.

Los ingresos que estimemos para el periodo de abril a diciembre necesitan de un alto grado de suposiciones que, a la fecha, son difíciles de hacer. No sabemos cuándo empezarán a llegar los vuelos con normalidad, no sabemos qué dificultades se pondrán a los turistas en los aeropuertos, no sabemos si los clientes obtendrán permisos de sus respectivos países, ni si tendrán ganas de venir o poder adquisitivo suficiente para pagar las vacaciones. Hasta que se abran las reservas no lo sabremos, porque el comportamiento humano no es predecible en este tipo de situaciones y, al final, lo que cuenta es esto.

Los gastos de personal, que son el componente del coste de explotación del negocio más importante en el sector, están ahora sujetos a los Ertes por fuerza mayor y, en consecuencia, van ligados al inicio de actividad, por lo que el empresario tiene que modular este gasto en relación a los ingresos que podrá tener si inicia de nuevo la actividad. Sin poder cuantificar los ingresos, este trade-off hace muy difícil la toma de decisiones. Paralelamente, las nuevas exigencias sanitarias requieren inversiones en las instalaciones y en la formación de los trabajadores.

La proyección de la cuenta de explotación del 2020 es necesaria para poder presentar las cuentas anuales del ejercicio 2019, ya que en la memoria y en el informe de gestión se debe ofrecer información de los hechos posteriores acaecidos tras el cierre. Además, las entidades financieras están solicitando esta información en los procesos de refinanciación que se están llevando a cabo y los propios accionistas demandan esta información financiera.

Los gobiernos están haciendo predicciones de llegada de turistas, empezando, en la mayoría de los casos, el primero de julio y considerando un periodo máximo de cuatro meses. Sin embargo, las empresas hoteleras son conservadoras y no proyectan entradas de turistas antes de 15 de julio o agosto, dependiendo de las zonas. Solo para el segmento de nacionales y en zonas rurales hay más optimismo. Las islas son las más reacias a creer en una recuperación temprana.

Hacer predicciones con tantas variables indeterminadas hace que las estimaciones tengan un alto grado de no confiabilidad y margen de error.

Las hipótesis que considerar en el método de proyección empleado han de hacerse bajo dos escenarios posibles: ingresos cero o reducción muy significativa de los mismos, contemplando únicamente el periodo de julio a octubre. La estacionalidad se agravará ante una contracción de la oferta, ya que los hoteles únicamente abrirán si esperan una demanda suficiente que permita tener un Ebitda positivo.

En términos macroeconómicos, hay otros efectos inducidos que pueden traer consecuencias en la demanda. Se han hecho predicciones de que el turismo nacional cubrirá parte de esta falta de demanda de turistas extranjeros, aunque es verdaderamente difícil. El turismo nacional se verá muy afectado por el alto grado de incertidumbre y, sobre todo, por el alto desempleo.

Si nos atenemos a los primeros datos de tour operadores, aunque todavía es pronto, la temporada hotelera se iniciaría en julio y se iría recuperando a partir de agosto. Los porcentajes de ocupación ya es otro cantar, abrirá probablemente menos de la mitad de la planta hotelera y la ocupación media de este periodo no será superior al 60%. El subsector de la restauración irá a remolque del hotelero. De lo que se deduce que, como máximo y siendo optimistas por lo que respecta al turismo nacional, hemos de estimar un 30% de los ingresos que se obtuvieron en 2019.

Nunca como ahora habían tenido las empresas tantas dificultades para hacer presupuestos, ni los auditores para evaluar la continuidad de los negocios.

Ignacio Esteban, socio coordinador de Auren Turismo

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