Día mundial del Medio Ambiente

Hacia una normalidad más verde y sostenible

05/06/2020

El COVID-19 ha supuesto una completa transformación de nuestro día a día y parece que la vuelta a la normalidad está fuera de nuestro horizonte cercano, no solo por el peligro de contagio con el que convivimos, sino por las oportunidades que tenemos de alcanzar una normalidad más verde y sostenible que la anterior. Tenemos una gran oportunidad para hacer las cosas de otra forma y avanzar en líneas de la sostenibilidad.

A lo largo de estos días de confinamiento hemos podido ver como se reducían las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, como consecuencia de la parada en la actividad. Es una realidad indiscutible que el cambio climático existe y, aunque haya fuentes naturales de emisión de gases que contribuyen a este problema, éstas constituyen una minoría frente a las fuentes antrópicas que requieren de nuestro control.

En estos últimos años ha crecido exponencialmente entre la sociedad la concienciación de la lucha contra el cambio climático. Hemos visto como Greta Thunberg se convertía en todo un movimiento contra el cambio climático a nivel mundial pese a su corta edad. Pero estas preocupaciones no han sido obviadas por los altos dirigentes.

A finales de 2015, fue aprobada la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las naciones Unidas, compuesta de 17 objetivos (Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS) y 149 metas, con el objetivo último de crear una nueva hoja de ruta hacia un futuro más sostenible en 2030. En esta Agenda figura un objetivo concreto en la lucha contra el cambio climático, el ODS 13, que habla de adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos. Durante ese mismo, año tuvo lugar el Acuerdo de París, donde por primera vez se firmó el primer acuerdo vinculante sobre el clima que entre sus objetivos recogía mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C sobre los niveles preindustriales.

La Unión Europea (EU) es uno de los signatarios del Acuerdo de París. En 2014, la UE ya contaba con un marco de actuación en materia de clima y energía, en el cual se fijaba el objetivo reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en, al menos, un 40% para 2030 con respecto a los niveles de 1990. Este marco contenía políticas y objetivos para que la economía y el sistema energético de la UE fueran más competitivos, seguros y sostenibles e incentivó que se pusieran en marcha medidas para garantizar su cumplimiento y actos legislativos sobre economía circular, emisión de CO2 procedentes del transporte, medidas sobre energía limpia, comercio de derechos de emisión y uso de la tierra y la silvicultura.

En diciembre de 2019, los dirigentes de la UE, dando un paso más allá en la lucha contra el cambio climático, aprobaron el objetivo de alcanzar una UE climáticamente neutra de aquí a 2050. Este objetivo fuerespaldado por el Pacto Verde Europeo, erigido como hoja de ruta compuesta por acciones para fomentar el uso eficiente de los recursos, a partir de la promoción de una economía limpia y circular y la restauración de la biodiversidad y de la contaminación.

El 3 de marzo de 2020, antes de que se decretará el confinamiento, fue aprobada la denominada – Ley Europea del Clima – con el fin de transformar este compromiso político establecido en el Pacto Verde en una obligación jurídica. El objeto de esta Ley es establecer un marco para la reducción progresiva e irreversible de las emisiones de gases de efecto invernadero y el incremento de las absorciones por sumideros naturales o de otro tipo en la Unión, y así poder alcanzar dicha neutralidad en 2050 en la UE.

El 3 de marzo, cuando se aprobó la Ley, ya se estaban notificando casos de coronavirus en la UE, pero todavía no éramos conscientes de las dimensiones que esta pandemia tendría. La UE ha visto una oportunidad entre el panorama tan desolador producido por el COVID-19 para hacer que esta recuperación sea “más verde” e impulsar la transición hacia la neutralidad. Este esfuerzo se manifestó el 25 de abril con la publicación de la HOJA DE RUTA PARA LA RECUPERACIÓN – Hacia una Europa más resiliente, sostenible y justa”, que aboga por una transformación de la economía, “no cabe actuar como de costumbre”.

La UE aboga por un plan integral de recuperación que debe basarse en la solidaridad, la cohesión y la convergencia, que sea flexible y ágil, y pueda evolucionar con el tiempo, además de recoger una recuperación inclusiva y en la cual todas las partes implicadas se hagan cargo conjuntamente de ella, y que cumpla con los valores y derechos de la UE.

Para el impulso de la recuperación se va a necesitar de una inversión sin precedentes y gran parte de esta procederá de capital privado. Esta financiación deberá orientarse hacia la sostenibilidad siguiendo el Plan de Acción para Financiar el Crecimiento Sostenible, publicado en 2018 por la Comisión Europea, que tiene como objetivo la reorientación del capital hacia la inversión sostenible, la gestión de los riesgos financieros derivados del cambio climático y de otros problemas medioambientales y sociales, y el fomento de la transparencia y la perspectiva a largo plazo en la actividad financiera y económica.

Existen varias herramientas desarrolladas por el Grupo de Expertos Técnicos en Finanzas Sostenibles (TEG) para ayudar a enfocar y decidir si las inversiones son sostenibles: el sistema de clasificación para determinar si una actividad económica es ambientalmente sostenible (Taxonomía de la UE) o los Bonos verdes, son algunas de estas herramientas de gran ayuda.

A nivel nacional, cabe recalcar que el 19 de mayo 2020 el gobierno envió a las Cortes el primer Proyecto de Ley de cambio climático y transición energética (PLCCTE) para que España alcance la neutralidad energética para 2050, además de que el sistema energético a finales de la primera mitad de siglo deberá de ser 100% renovable, poniendo fin a las actividades de exploración y explotación de fuentes de energías fósiles.

Se persigue que este proyecto se apruebe con la oportunidad de revitalizar la economía tras la pandemia del COVID-19, en aras de dirigir los esfuerzos hacia una transición ecológica, una modernización de la economía, una nueva reindustrialización, la creación de empleo y la atracción de inversiones en el ámbito de la sostenibilidad.

Por todo lo anterior, se puede concluir que, tanto a nivel europeo como nacional, las líneas estratégicas de recuperación abogan por un futuro más verde. No debemos dejar pasar esta oportunidad de reactivar el sistema de forma sostenible para que puedan heredar las generaciones futuras un planeta mejor:

“El desarrollo sostenible es aquel desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”

  • Informe Brundtland 1987 –

María Megino, Consultora del área de sostenibilidad

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