Crecer para innovar o innovar para crecer
Tras unos
quince años en la consultoría nacional e internacional, y algo más de un año
como miembro del área de Consultoría HR de Auren Argentina, me he preguntado
muchas veces sobre los mecanismos que impulsan el desarrollo de América Latina.
La revista Bloomberg presentó recientemente su clasificación anual de las economías más innovadoras. El índice se basa en siete categorías igualmente ponderadas: 1. Intensidad de la investigación y el desarrollo (I+D), 2. Valor agregado de fabricación, 3. productividad, 4. densidad de empresas de alta tecnología, 5. tasas de graduación de educación terciaria, 6. concentración de investigadores y 7. solicitud de patentes. Encabezada en esta ocasión por Alemania, la lista indica que la Argentina se encuentra en el puesto 45. Si bien escaló cinco posiciones respecto de 2019, sigue bastante relegada, incluso en comparación con numerosos países de Europa del este y de Asia.

Aprovechando mi
actual estadía en Alemania, me dedico a observar datos, aspectos culturales y
comportamientos asociados, en búsqueda de respuestas y de prácticas que podamos
transferir a nuestra labor de consultoría en la región.
Por lo pronto,
cabe inferir del informe que nuestro país (así como toda la región) pierde
competitividad en el mercado mundial, y que su modelo productivo tiende a brindar
cada vez menos valor agregado. Esto puede observarse en diversos indicadores,
como el Índice de Producción Industrial (IPI), que desde octubre de 2017 no
cesó su caída; o en los valores de las exportaciones de la mayoría de los
artículos manufacturados, que también registran bajas. Los productos de mejor
desempeño pertenecen generalmente al sector primario (carne y despojos
comestibles, cereales, productos de la pesca, entre otros).
Desde hace más
de dos años, el Producto Interno Bruto (PIB) del país ha ido disminuyendo, y se
estima que la tendencia se prolongará durante 2020. El sentido común indica que,
en época de vacas flacas, el foco se posa en la subsistencia. También existen
casos de empresas que se benefician aún durante las crisis. Éstas se guían muchas
veces por la fórmula “nos va bien así,
¿para qué cambiar?”. El hecho es que estas visiones de tipo conservador
tienen como resultado una economía poco
innovadora, como lo indica el informe de Bloomberg.
Sin embargo,
el sentido común es el menos común de los sentidos, y a veces produce monstruos.
Considerar que el camino hacia la innovación es lineal, es decir, que implica
primero crecer para luego invertir en I+D, pareciera ser una excusa para
sostener un estado de las cosas en el que prima la producción primaria, el
trabajo precario (con empleados poco capacitados, mal pagos, poco motivados y,
por tanto, alta rotación). Esto puede ser funcional estacionalmente, pero no si
apuntamos a negocios sustentables en el mediano y largo plazo por la
competitividad que genera el alto valor agregado.
En época de
globalización, en la que hay que competir tanto con potencias industriales como
con plazas que producen a muy bajo valor. El plus diferenciador lo aporta la
capacidad analítica y creativa de las personas. La referencia es a la mejora de
procesos, el desarrollo de nuevos productos, la investigación de nuevas soluciones.
La materia prima parece estar disponible, ya que en la categoría “tasas de
graduación de educación terciaria”, Argentina se ubica en la decimoprimera
posición.
Es indudable
que la inversión en I+D requiere de cierta previsibilidad, reglas de juego
claras que no cambien a la mitad de la partida. En Alemania, llama la atención la
capacidad de planificar (desde eventos a nivel internacional hasta, incluso, un
encuentro entre amigos). Esto se debe a que el contexto es relativamente
previsible. Desde el horario del transporte público hasta los marcos legales
que rigen todas las actividades. Y, lo que es aún más sorprendente para
nosotros, es que el incumplimiento de las reglas conlleva importantes e
inapelables castigos, sea quien sea el infractor.
La innovación
depende menos de momentos de iluminación que del trabajo a conciencia y
sostenido en el tiempo. Arquímedes llegó a exclamar “¡eureka!” solo después de haberse ocupado largamente con la manera
de calcular la densidad de los materiales. La creatividad es también un
elemento de enorme importancia. Paradójicamente, nuestro entorno
latinoamericano,tan cambiante e incierto, nos ha convertido en personas
que viven buscando soluciones relativamente novedosas a situaciones que hubiesen
sido difíciles de predecir. Debemos aprovechar esta espontaneidad y la
capacidad de adaptación, acompañándolas de la visión, el coraje y la convicción,
para ser cada vez mejores. De lo contrario, seguiremos atrapados en ciclos
fluctuantes en los que el entorno definirá nuestra suerte. Posponer la
innovación para épocas de vacas gordas es poner el carro delante de los bueyes.
Como muchos en
nuestro país, he sido testigo de que es posible el crecimiento a pesar de los
contextos. La clave está, sobre todo, en la capacidad de cambio de las
organizaciones y en la fuerza que genera un propósito claro y compartido.
Necesitamos tomar las riendas de nuestro destino.
Lic. Lionel Steinberg – Consultor Senior
Auren – Consultoría HR