En un entorno cambiante e incierto, los líderes deben volver a conectar con su parte humana para poder darles contención a los trabajadores. Todo esto mientras enfrentan la exigencia del aprendizaje continuo.

El liderazgo viene atravesando una gran transformación. Cada día se les exige ser más humanos, estar al lado de las personas, ser empáticos. Y esto los pone en un nuevo lugar, un punto donde quien guía no es quien tiene la suma de saberes, más bien todo lo contrario; es quien se anima a estar en un estado de aprendizaje continuo.

¿Dónde están parados hoy los líderes? Según una encuesta reciente de la consultora Randstad, las ocho habilidades que las compañías buscan en estos roles son: empatía, visión estratégica, comunicación efectiva, toma de decisiones, flexibilidad, gestión constructiva de conflictos, feedback y acompañamiento, y aprendizaje continuo.

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Cambió algo de fondo: “Antes se esperaba que un líder tuviera claridad; hoy se le pide que se mueva bien en la confusión. Y eso no es un detalle menor. Porque ya no alcanza con saber, ni con tener experiencia. Hoy el liderazgo está mucho más expuesto: a la incertidumbre, a la velocidad, a equipos que ya no compran respuestas prefabricadas. En ese contexto, el líder deja de ser el que ordena y pasa a ser el que habilita. El que puede decir ‘no sé’ sin perder autoridad”, define Luciana Colombo, líder de Personas de Consultoría de Auren Argentina.

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